miércoles, 15 de febrero de 2017

ENTRE EL AUTOR Y EL EDITOR: ENTREVISTA A MARÍA JESÚS SÁNCHEZ GARCÍA



ENTREVISTA CON 
MARÍA JESÚS SÁNCHEZ GARCÍA 
(DRAMATURGA)

con motivo de la publicación del libro

“ENTRE DAMAS ANDA EL JUEGO-TODO VA BIEN… ¿O NO?-DESDE ARRIBA: 
TEATRO PARA HACER CON JÓVENES”

en la editorial 
ESPERPENTO EDICIONES TEATRALES
Tapa blanda. 172 pág. 13,8 x 21 cm. ISBN 978-84-945155-7-6
http://www.esperpentoteatro.es/epages/78344810.sf/es_ES/?ObjectPath=/Shops/78344810/Products/118
1.      Como dramaturga tu caso es algo especial, ya que partes de la necesidad de contar con textos teatrales para poder ponerlos en escena con tus alumnos. ¿Cómo funciona, en tu caso, la dialéctica entre escribir teatro, publicarlo y poner en escena tus obras?

Yo empecé a escribir teatro porque tenía, parafraseando a Pirandello, a “actores en busca de personaje”, es decir, mis alumnos querían hacer teatro, pero yo no encontraba ningún texto que ellos entendieran perfectamente, que pudieran interpretar con sensación de verdad. De ahí surgió la necesidad de escribir obras que les resultaran cercanas. No porque trataran siempre de su mundo, de hecho ninguna de ellas trata temas específicamente de adolescentes, sino porque sintieran que los conflictos que aparecen en ellas les son los que les rodean cada día. Mi manera de dirigir mis obras es un poco como la de los dramaturgos griegos en Atenas, salvando las distancias que en este caso son abismales, es decir, la escritura y la puesta en escena están tan próximas que se enriquecen mutuamente. Y  lo de publicarlas ha sido un regalo de la Editorial Esperpento, que ha tenido la osadía de pensar como yo que realmente hay un vacío editorial en el teatro para jóvenes.

2.      ¿Crees que el teatro va a tener un papel relevante en la cultura del siglo XXI? ¿Se puede seguir escribiendo teatro en estos tiempos?

Tengo una respuesta clara para eso, la de mis alumnos del instituto, que dicen literalmente “el teatro mola profe, es lo único que no nos podemos bajar de internet”.  El teatro es el único arte que lleva veintiséis siglos casi intacto, desde que alguien produjo el milagro de hacer creer a otros que había una persona que amaba o reía delante de ellos.  Y claro que hay que seguir escribiendo, tenemos la obligación de continuar emocionando a la gente “en directo”. Sin texto no hay teatro. Habrá otras experiencias escénicas, pero no teatro.

3.      En el libro que acabas de publicar en Esperpento Ediciones Teatrales incluyes tres obras aparentemente muy diferentes ¿Hay algunas constantes recurrentes en tus obras?

Si algo tienen en común  es que en todas hay una galería de personajes variopintos (muchos, porque hay que recordar que mis actores no cobran) que pretenden representar “tipos humanos” de los que nos rodean o a los que nosotros mismos pertenecemos, cada uno con su propio conflicto y casi siempre en soledad, a pesar de estar rodeados de gente. En sí mismos no son muy creíbles, pero tienen una pequeña dosis de realidad que hay que descubrir. Es el juego.

4.      Entre damas anda el juego es la primera de las obras. ¿Cuál es su planteamiento? ¿De dónde nace la idea primaria?

En mis clases de literatura siempre les decía que a mis alumnos que el fenómeno del teatro español del s. XVII era casi paranormal: trescientas personas prácticamente analfabetas que asistían a tres horas de teatro en verso absolutamente fascinados por lo que estaban viendo. Y quise explicarles un poco cómo funcionaba es “fenómeno “ por dentro. Por eso presenté una compañía de damas que iba de pueblo en pueblo y que por un momento se ve en la obligación de hacerse un poco feminista y dar una lección a un galán, mediante una comedia escrita por una de ellas, a la que nadie considera dramaturga. Algo que es bastante actual, por desgracia. O si no ¿cuántas mujeres dramaturgas conocen?

5.      ¿Es posible acercar los clásicos al público más joven y que no huya despavorido del teatro?

Depende. Los clásicos trasmiten un mensaje que no se puede traicionar. Podemos hacer toda la dramaturgia que queramos sobre ellos, para eso son tan perfectos que lo aguantan casi todo, pero, eso sí, sin tocar lo que nos quieren trasmitir. Por eso si queremos que lo entiendan debemos buscar aquellas obras que presenten para ellos un mensaje inteligible: esto es, en un ejemplo, más Otello y menos Hamlet, porque los celos los entienden fenomenal, pero la duda y la falta de acción  no va con ellos.
6.      En Todo va bien… ¿o no? enfrentas al público y los actores ante la necesidad de afrontar sus propios problemas. ¿Ha menguado la resistencia ante la frustración en esta nueva generación digital?

Lo que ha menguado es la capacidad de hablar sobre esos problemas. Si te fijas, la obra empieza con personas que hablan unas de espaldas a otras, y luego averiguamos que viven en la misma casa, que son incluso madres e hijas. Lo bueno del teatro es que no hay más remedio que hablar, no vale el whatsapp. En ese sentido es una buena terapia para los personajes.

7.      ¿Al contar tus obras con tantos personajes, dada la necesidad de repartir papeles, crees que consigues que estos sean de carne y hueso?

Tampoco lo intento. Jardiel decía de la escena “lo que aquí dentro ocurra tiene que ser lo más diferente posible a lo que pueda ocurrir fuera” y yo admiro muchísimo a Jardiel. Ya hay demasiadas películas con personajes reales. Los míos tienen un batiburillo de sentimientos imposibles para que cada cuál escoja lo que quiera.

8.      Desde arriba es una obra que consideras más extravagante. ¿En qué sentido?

Bueno, eso de que gente que ha muerto en un accidente de avión vea la tierra desde el cielo a través de un suelo de cristal, es una premisa ya de por sí extravagante. Pero lo raro de Desde arriba no es tanto eso como que la obsesión de esa gente no es otra que seguir mirando abajo. No hay cielo sin los otros.

9.      A propósito de esta obra, ¿qué temas consideras más adecuados para plantear a un público joven o adolescente?

No me gusta nada eso de “temas para adolescentes”. Los jóvenes entienden todo, el problema es que se les plantee de forma que les interese. Muchas veces tienen más cerca el paro, la muerte o las hipotecas sin pagar que el acoso escolar y las relaciones con sus padres.  Sin duda los temas que les interesan son sobre todo los que mueven el corazón, esas “pasiones universales” que decía Shakespeare.

10.  Para terminar, puedes decirnos ¿cómo llegaste a publicar con Esperpento Ediciones Teatrales? ¿Cómo ha sido tu experiencia con esta editorial?

Un amigo común, el dramaturgo Eduardo Galán,  me puso en contacto con Fernando Olaya, una especie de “Quijote” del mundo editorial que está dispuesto a publicar a nuevos dramaturgos. Tengo que decir que  la Ediciones Esperpento fue la primera editorial que me hizo una propuesta digna y no humillante, y que   trató a mis obras con un mimo y un respeto exquisito, cuidando hasta el último detalle de la edición. Solo puedo dar las gracias y esperar que este no sea nuestro único libro en común.


jueves, 2 de febrero de 2017

ENTRE EL AUTOR Y EL EDITOR: ENTREVISTA A IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ




ENTREVISTA CON 
IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ
(DRAMATURGO)

con motivo de la publicación del libro

“DESGASTE”

en la editorial ESPERPENTO EDICIONES TEATRALES.
Tapa blanda. 168 pág. 13,8 x 21 cm. ISBN 978-84-945155-4-5
http://www.esperpentoteatro.es/epages/78344810.sf/es_ES/?ObjectPath=/Shops/78344810/Products/115  

1. Como escritor tienes ya habías publicado una novela (Turbio, 2015), y ahora te lanzas a escribir y publicar teatro. ¿Cómo está funcionado, en tu caso, la dialéctica entre escribir teatro y poner en escena tus obras? 
Cuando escribo, en realidad pienso poco en el formato. En ocasiones, las historias evolucionan hacia el campo de la novela, del guion cinematográfico o el teatro. Escribir para teatro es fascinante. Todo está ligado a esos tempos que ha de tener cada personaje. Debes esforzarte siempre mucho en los diálogos. Si estos no resultan verosímiles, todo el engranaje puede venirse abajo. Hay obras que escribo y sí siento la necesidad de dirigirlas pero otras no. El momento más fascinante para mí es la escritura. Cuando lo tengo claro, ya escribo con una idea sobre ese montaje que quiero ver. Comienzo a mandar escenas al equipo y veo las posibilidades escénicas y el tono de voz que debe emplear el actor. Con Don Juan Carlos Velázquez comenzamos a hablar de esa luz que tendrá el montaje. Es importante tener claro todo aquello que vas a llevar a escena. Cuánto más claro lo tenga uno, más claro lo tendrá el actor y el equipo que conforma la obra.

2. ¿Crees que el teatro va a tener un papel relevante en la cultura del siglo XXI? ¿Se puede seguir escribiendo teatro en estos tiempos?

El teatro es algo determinante que no se valora lo que es debido. Simplemente tenemos que compararnos con países como Inglaterra, Suecia, Francia o Alemania para darnos cuenta que en España no tiene la relevancia que debe tener. Es muy importante la lectura de la obra dramática y es algo que se debería hacer en una mayor medida. Tendría que  escribirse mucho más teatro del que se escribe y publica. El problema surge porque no se valora el hecho de publicar teatro como por ejemplo con la narrativa. ¿Por qué? Siempre existen excepciones, claro está. Que quede el consuelo de ciertas representaciones es triste porque en determinadas ocasiones por lo que se apuesta es algo malo y poco trabajado. El teatro está demasiado infectado de termitas que en lo condenan. Es un género determinante e insisto en que debe escribirse y promocionarse, pero no siempre a los mismos. 

3. En el libro que acabas de publicar en Esperpento Ediciones Teatrales incluyes cuatro obras aparentemente muy diferentes ¿Hay algunas constantes recurrentes en tus obras?

El fracaso, la decepción y la desilusión son unas constantes que de un modo inconsciente aparecen. No importa que la temática sea más seria, como Maquinistas o Los últimos días de Philp Seymour Hoffman, que algo más divertido, como Desgaste. ¿A qué puede deberse? A la falta de esperanza que supone terminar un proyecto y darte cuenta de que en España hay unas normativas que favorecen exclusivamente a aquellos que entran en una ruleta de juego en la que no todos podemos entrar, desgraciadamente.

4. Los últimos días de Philip Seymour Hoffman(PSH) es la primera de las obras. En concreto un monólogo muy ácido. Háblanos de la obra.
La muerte de una figura cómo pudo serlo PSH me impacto de un modo que me sorprendió. Siempre he sido un entusiasta de su trabajo. Tanto en la película que dirigió como aquellas en las que interpretó siempre vi en él a esa actor, creador... diferente a todos. Concretamente su interpretación en Synedoque New York, fue algo que aún hoy me sigue enamorando. Investigué mucho sobre cómo fueron esos últimos días. Me interesaba trasladar esa asfixia que debió sentir. Buceé en sus últimos trabajos y eureka. Un tiempo después de terminar la obra, aparecieron diarios y demás y comprobé  que algunas suposiciones habían sido ciertas, como el hecho de lo que le afectó interpretar a Loman.  Fue un proceso de escritura rápido en el que necesitaba que todo sonase real, respetuoso y veraz.

5. En Maquinistas, obra escrita con Rafael González Tejel, se refleja una realidad muy inquietante. ¿Es posible que el género humano aprenda de sus errores?

El género humano jamás aprende. Esta la obra la concebí con mi amigo Rafau en Auschwitz. Curiosamente entre tanta amargura se nos ocurrió esa idea. ¿Qué ocurría con los Maquinistas? Y bajo la nieve en Cracovia comenzamos a jugar a ser escritores y a documentarnos de un modo tan concienzudo como inspirador. Intentamos que en cada cuadro se reflejase una agonía con la que resultase muy difícil convivir. Lo peor de todo es saber que eso existió y que bueno… ¿podría volver a suceder?

6. El adiós de Fernando el Católico es una obra de corte histórico. Refleja el episodio, no muy conocido, de la boda de este con Germana de Foix, sensiblemente más joven que él. ¿Qué has querido desvelar con esta fábula?

Estaba profundamente agotado de ver cómo en el teatro o en la televisión se hablaba demasiado de Isabel la Católica o de Juana la Loca… Siempre se mostraba a Fernando como un hombre malo. Preferí indagar porque pensé que en él encontraría algo que me sedujese. Un lado humano que no veía en otras proyectos históricos. Me topé con Germana de Foix y aquello me resultó un polvorín casi shakespeariano. Ella se lió con su nieto, Carlos V, obligaba a tomar a Fernando la cantárida, una especie de viagra de la época, su extraña muerte, cómo nació lo que hoy se entiende por España… Creí ver los ingredientes necesarios para tener un texto interesante. Teníamos elementos reales que unidos a los inclasificables puntos suspensivos que tiene la historia de España conformaban una trama de engaños, traiciones, miedos, avaricias, amor, poder y recuerdos.

7. La última obra incluida en este volumen es Desgaste, que da título al conjunto,  en la que parece subyacer un cierto pesimismo vital. ¿Vamos hacia una obsolescencia programada en las relaciones humanas?

Bueno. Las relaciones son fantásticas, aterradoras, deliciosas y siempre sorprendentes. En esta ocasión me interesaba el juego envuelto en cierta prepotencia y nostalgia. La mentira y el no asumirse o el no reconocerse eran ingredientes que considero pueden mantener la atención de cualquier espectador o lector.  De un modo u otro todos tenemos relaciones y estas evolucionan o para bien o involucionan. Hay un punto siempre que se desconoce de tu pareja y que a su vez, la otra persona, tampoco conoce de ti. Esto lo transforma todo en un misterio apasionante. Quería jugar con elementos que en apariencia puedan ser graves, pero que luego no lo son tanto. Se trataba de radiografiar la intimidad con cierta malicia. Es un texto del que me siento especialmente contento y eso es algo que en mí pocas veces sucede. Sobre los cuadernos de notas de los textos que voy a escribir me parecen extraordinarios pero, cuando pongo el punto y final, todo ha cambiado. Con Desgaste esto no fue así. Escribí las dos partes por separado y cuando me dispuse a unirlas supe que solo una persona concienzuda como Laura López Ledesma iba a ser capaz de intercalarlo para propiciar el ritmo adecuado. Sin duda alguna, es por ello  por lo que resulta mi texto preferido.

8. Para terminar, puedes decirnos ¿cómo llegaste a publicar con Esperpento Ediciones Teatrales? ¿Cómo ha sido tu experiencia con esta editorial?

Está resultando una experiencia extraordinaria. Todo llegó por mi amigo Clemente García, maravilloso actor y grandioso librero. Muy conocedor de todas las editoriales, me habló de Esperpento y de cómo trabajaban. No lo dudé y ya su responsable, Fer, me contestó inmediatamente. Comenzamos una relación de mails hasta que no mucho tiempo después quedamos y descubrimos que hablamos un mismo idioma. La experiencia es muy satisfactoria. Compruebo que el libro se está moviendo y gracias a Fer formo parte de muchos eventos teatrales. Quiero seguir publicando con su editorial. Seria y respetuosa con el teatro. Un placer.


IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

martes, 24 de enero de 2017

LA PARADOJA DEL DRAMATURGO (VV. AA.)



LA PARADOJA DEL DRAMATURGO (VV. AA.) 
Tapa blanda, 308 pág.,  ISBN 978-84-945155-8-3 
ESPERPENTO EDICIONES TEATRALES

http://www.esperpentoteatro.es/epages/78344810.sf/es_ES/?ObjectPath=/Shops/78344810/Products/119

PRÓLOGO DE FRANCISCO GUTIÉRREZ CARBAJO
(Fragmento)
No es extraño encontrar en los textos de esta antología la desacralización de los personajes, ya que estos se alejan de una representación como seres planos, en el sentido de Foster y de una construcción como entidades monosémicas y cerradas. Ello no obsta para hallar en la propia representación una defensa de su potente identidad como actores, que los lleva en ocasiones a enfrentarse con el director o con el autor y a no aceptar los papeles que se les encomienda.
Se recurre, así, al ejemplo de Augusto en Niebla de Miguel de Unamuno, de forma explícita en la pieza de Miguel Ángel Martínez y de manera implícita en muchas otras.
Como un diálogo intertextual con Pirandello, en el que no se asumen sus premisas, el actor es el que busca al personaje en la obra de Jerónimo López Mozo. Cuando el personaje le pide un papel al Autor, este le comenta que debe solicitárselo al director. Ante la insistencia del Actor, el Autor le argumenta que en la próxima obra quizá “tenga un personaje” para él. El Actor exclama alborozado: “¡Al fin un personaje para mí!”
En Mejor al aire de Elena Belmonte, la Autora formula una interrogación retórica y exclama: “¡¿Y quién coño crees que es el personaje?! ¡Un personaje es una marioneta y es el autor el que maneja los hilos! ¡Esta situación es absurda!”.
En Ilústrame de Pablo Canosales, el protagonista le recuerda al Autor que “es uno de sus personajes”. Más adelante ha de insistirle en que el compromiso del autor es con sus personajes y que estos necesitan salir a la luz. Habla en nombre de su colectivo, el colectivo de “los personajes cansados de su autor”.
Alberto de Casso Basterrechea en Gema y Emma se refiere varias veces explícitamente a la función de esta categoría dramática y se habla incluso de la “construcción del personaje”. Ante la actitud de su amiga, Emma le explica con reiteración: “Es para preparar mi personaje”, y Gema le comenta que el personaje acompaña como una sombra siniestra.
Entre los personajes que pueblan el grandioso universo de Juana o el clitorio de Dios de José Manuel Corredoira, Juana es el de mayor densidad semántica. En relación con ella, el lenguaje adquiere las mayores potencialidades que puede alcanzar un discurso en escena, y en Sal de de mi cama! de Yolanda Dorado el personaje de la Mujer Errante pone en entredicho el oficio de la Autora. Le dice que no sabe qué contar y, sin embargo, quiere relatar su vida. En el sentido que hemos glosado en alguna ocasión de que en el teatro “el hábito sí hace al monje”, la Aurora le comenta a la Hermana Menor que “los zapatos definen al personaje”.
Juana Escabias en Retrato de mujer con sombrero destaca con fina intencionalidad frente a la actriz el poder casi omnímodo del Director, que proclama: “La insistencia como vía para vencer al contrario. Subyugar su resistencia, someter la voluntad que se opone a los deseos de uno mismo. La encarnación del personaje vencedor en el conflicto”.
En contraste con esta función plenipotenciaria del Director, Juan García Larrondo concede a los personajes el poder de los dioses, y retan al propio autor: “Parodiamos al Todopoderoso y construimos personajes a nuestra imagen y semejanza, por eso te son tan familiares. Pregúntales tú mismo. Les conoces. El autor es lengua de fuego y maravilla. Lo afirmaste en una de tus obras. Demuéstralo ahora”.
El personaje en Aparta de mí este cáliz de Yolanda García Serrano pide ser salvado de la muerte porque, como él mismo reconoce, es un “personaje magnífico”: “Una palabra tuya bastará para salvarme. Anota que al final tu hijo se salva de morir clavado. Tú eres el creador, tú me hiciste, no puedes destruirme como si no te importara (…) Reescribe mi historia. Soy un personaje magnífico”.
El silencio de José Moreno Arenas abre la didascalia inicial con una referencia a esta categoría dramática: “Despacho-estudio-habitación de un “Creador de Personajes”. Caos organizado o desorden controlado, según se prefiera”. Moreno Arenas ilustra, así, la afirmación de Derrida (1976) de que “el teatro es un caos que se organiza”.
En Abril de Miguel Murillo, el Autor le dice al Actor I que es una pura fantasía, que solo existe en su imaginación, y en la obra de Fernando Olaya, este elemento dramático fundamental aparece ya en el propio título de la pieza: El dramaturgo que confundió a los personajes con los actores (o viceversa). El Dramaturgo, “pensando en alto”, inicia su discurso con un procedimiento metateatral centrado en los personajes: “Que los personajes tengan que actuar dentro de la obra me parece un buen recurso”.
Diana M. de Paco Serrano declara en la didascalia inicial de En blanco que el “personaje está difuminado, como en una especie de nube blanquecina. No se distingue bien su silueta”. En consonancia con ello, en una de sus primeras intervenciones, el personaje le dice a la Autora: “Perfílame, anda, ponme algún matiz, relléname de contenidos, que estoy hecho una birria”. Si López Mozo se refiere a Pirandello, la Autora en la pieza de Diana M. de Paco Serrano solicita la ayuda del dramaturgo italiano: “Ay, ¿qué está pasando?... Entonces todos mis personajes están enfadados comigo. ¡Pirandello, ayúdame! ¿Qué hiciste tú para contentar a tus seis criaturas?”. Más adelante el personaje le aclarará a la Autora que sus criaturas están escribiendo la obra que piensa que está escribiendo ella, y que incluso se han invertido los papeles: “Porque tú ahora eres el personaje y nosotros los
autores”.
Este intento de transformación del dramaturgo en personaje está igualmente presente en El encuentro de Alfonso Plou: “De dramaturgo a dramaturgo: te quiero convertir en un personaje”. Sobre este recurso se insiste en los diálogos posteriores entre A(utor) y S(hakespeare). El propio S termina admitiendo esa transformación: “... Y ya que me voy asumiendo como personaje de tu comedia... Te podré decir...”.
En un sentido inverso, un dramaturgo tan sabiamente transgresor como Pedro Víllora sigue la tradición aristotélica en su pieza Linda Muñequita. En ella el autor noruego Henrik Johan Ibsen le dice a Nora: “Antes que nada eres personaje”. La mujer considera que es más bien “un modelo a seguir” y que el Autor no habla ni piensa como el creador revolucionario y concienzudo a quien ella quería querer y respetar: “Tal como yo soy, no puedo por ahora ser tu personaje”.
En la caracterización del personaje, en el tratamiento del espacio y del tiempo, en su reflexión sobre el arte escénico, y, en general en la construcción de la obra, los autores recurren con frecuencia al procedimiento del metateatro.
...
En Escritura de Iván Cerdán Bermúdez, Marta le achaca a Simón que se limite a adaptar la realidad de la familia y que además esa escritura no se base en su propia experiencia sino en lo que le han referido: “Es que tú no lo has visto. ¡Te lo han contado! Pasa lo mismo con el monólogo que hiciste sobre mi padre”.
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Esta fina ironía está presente ya en el propio título de la obra de Alfonso Zurro, y en las palabras del primer parlamento de la Reina, en Estábamos celebrando el Nobel de Juan Mayorga: “Dejemos claro que a mí no me gusta el teatro (...) Esta era de dramaturgos. Caras tristes. Gestos profundos. Calvicie intelectual. Trascendencia. Tedio. Desconsuelo”. Cuando el Autor declara que el teatro es imaginación, la Reina responde con énfasis: “¡No!, el teatro ha de ser... ¡verdad! Una verdad verificada con mayoría absoluta de monarquía democrática parlamentaria”.
...
La maestría de López Mozo ha sido reconocida por sus colegas dramaturgos y por los investigadores, como tuve ocasión de demostrar en la edición de Cúpula Fortuny. En su pieza incluida en esta antología reelabora de un modo espléndido la fórmula pirandelliana. Aquí el personaje no busca al autor, sino que solicita que se le asigne un papel.
...
Si la influencia de Pirandello y la de Unamuno está presente o subyace en la capa latente de todas estas creaciones, Miguel Ángel Martínez lleva a cabo una reactualización de las tesis unamunianas. Como en un juego de lanzadera, Alberto y Miguel se cruzan sus recriminaciones, en una magnífica pugna dialéctica en la que se hace referencia a dramaturgos como Valle-Inclán o Muñoz Seca y a obras y personajes de Shakespeare, como Hamlet y Ofelia.

LA PARADOJA DEL DRAMATURGO

OBRAS INCLUIDAS:

Mejor al aire, de Elena Belmonte
Ilústrame, de Pablo Canosales
Gema y Emma, de Alberto de Casso Basterrechea
Escritura, de Iván Cerdán Bermúdez
Juana o el clitorio de Dios, de José Manuel Corredoira
Sal de mi cama!, de Yolanda Dorado
Retrato de mujer con sombrero, de Juana Escabias
Narciso en tercera persona, de Juan G. Larrondo
Aparta de mí ese cáliz, de Yolanda Gª Serrano
Un actor en busca de personaje, de Jerónimo L. Mozo
Nieto de Hamlet con revólver de John Wayne, de Miguel Ángel Martínez
El silencio, de José Moreno Arenas
Abril, de Miguel Murillo Gómez
El dramaturgo que confundió a sus personajes con los actores (o viceversa), de Fernando Olaya Pérez
En blanco, de Diana M. de Paco Serrano
El encuentro, de Alfonso Plou
Linda muñequita, de Pedro Víllora
Estábamos celebrando el Nobel de Mayorga, de Alfonso Zurro